¿Sólo un nativo puede ayudar a armar el rompecabezas que puede llegar a ser la adquisición de un nuevo idioma?

La enseñanza de idiomas es un asunto bastante delicado dado que toca muchas sensibilidades profesionales y personales. A pesar del paso de los años, este tema sigue estando en el candelero ya que al parecer no existe una receta única para definir al “perfecto” profesor de idiomas.

Hace ya tiempo que el Sistema Educativo Público Español empezó a tomarse en serio la enseñanza de idiomas, especialmente del inglés. Sin embargo, durante muchos años ha existido una carencia de profesorado cualificado en esta materia. Quizá ésta sea la razón que ha hecho que se considere tan importante y se le aporte un gran estatus al profesor nativo en la actualidad.

Pero, ¿Nativo de dónde? ¿Todos los profesores nativos de inglés son de Harvard  o todos los profesores de español provienen de Valladolid?  ¿Y por el simple hecho de ser nativo puede enseñar la lengua materna? ¿Podría un bombero o médico británico conseguir que un grupo de españoles hablara inglés? ¿Ocurriría lo mismo con un economista o un agricultor español que tratara de enseñar su lengua materna a un extranjero?

Incuestionablemente,  todos ellos poseen un dominio de su idioma nativo que les permite satisfacer todas las necesidades comunicativas de la vida cotidiana, interaccionar en la sociedad en la que viven, comprender ideas de otros y hacer entender las suyas sin importar si utilizan un registro culto o iliterato. El dominio de su lengua nativa es, por tanto, indudable.

Si aceptamos este hecho la pregunta que continúa es clara: ¿Qué diferencia entonces a estos individuos de un auténtico profesor de idiomas? La respuesta es simple: Es necesario tener conocimientos sobre el proceso de adquisición de una lengua y utilizar correctamente las metodologías pedagógicas y didácticas orientadas a tal fin.

Bajo mi punto de vista, si queremos garantizar el éxito en el proceso de aprendizaje de un idioma es el momento de empezar a hablar de expertos; de profesionales con conocimientos, habilidades y destrezas sobre el tema, con experiencia; porque con la etiqueta de nativo puede entonces “enseñar” cualquier persona sin especialización y formación para ello.

A pesar de tener más de 10 años de experiencia en el ámbito educativo, nunca antes me había dedicado a la enseñanza de idiomas hasta hace 3 años, cuando mientras vivía en UK y perfeccionaba el inglés, ejercí de Profesora de Español.

Tras aprender mucho sobre la enseñanza de idiomas, continúo con esa labor y la he extendido a la enseñanza de inglés, ambas de forma presencial y online.

Obviamente, mi conocimiento de ambos idiomas no es el mismo, así como tampoco ha sido equivalente su proceso de adquisición. Aprendí español, como cualquier niña, en mis primeros años de vida. No puedo contar más. Una pena no poder recordar nada de ese proceso porque tuvo que ser increíble.

En cuanto al inglés puedo dar más detalles. Mis primeras nociones sobre esta lengua me las enseñó el que en realidad era mi maestro de matemáticas. En este primer contacto con este idioma aprendí lo que mi maestro (de matemáticas y sin formación cualificada en inglés) buenamente pudo enseñarme: mucho vocabulario y gramática pero nada de pronunciación. Por esta época, cuando escuchaba canciones en inglés necesitaba de subtítulos en español para poder entenderlas. Mi percepción sobre esta lengua era la de un puzle con piezas imposibles de encajar. La lengua inglesa era extremadamente difícil, indescifrable, caótica, gris y muy rara. Era fea.

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Consecuentemente, no se despertó en mí ningún interés o motivación para seguir aprendiendo más. No obstante, seguí estudiando y cargando el “lastre del inglés” hasta acabar la Educación Segundaria Obligatoria porque así lo establece el currículum de la enseñanza reglada en España. Sin embargo, algo en mí me decía que no tenía que ser tan difícil cuando la mitad del planeta, siendo nativos o no, puede comunicarse en este idioma. Continué entonces mis estudios en la EOI y tras aprobar cuarto, y considerando que tenía un nivel intermedio (porque así lo decía mi certificado) me marché al Reino Unido.

Apenas bastaron unas horas allí para darme cuenta de que mi nivel de inglés no era intermedio.

Ahora, tras más de tres años en Inglaterra, y muchas canciones con subtítulos en inglés, puedo decir que mi dominio del idioma de Shakespeare es bastante fluido. Y puedo afirmarlo no sólo por los libros estudiados en la escuela, academias o en la Universidad, sino principalmente por los miles de retos  a los que he tenido que hacer frente cada día y por las personas tanto inglesas como de otras nacionalidades con las que he interactuado en este tiempo. En definitiva,  por la inmersión en la cultura anglosajona que me ha hecho modificar e interiorizar hábitos y costumbres que le han dado sentido a cada una de las palabras y expresiones de este idioma. Por fin poseo todas las piezas del puzle, puedo encajarlas y tengo una visión global y conjunta del mismo. Ahora, mi percepción sobre el inglés ha cambiado: Es agua, movimiento, agitación, apertura, comprensión; es verde. It is beautiful!

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En UK, conocí a muchas personas que por el simple hecho de haber nacido en un país hispanohablante intentan y/o enseñan nuestro idioma a pesar de no tener formación específica para ello.  Igualmente, conozco a quien por el simple hecho de haber nacido en un país de habla inglesa también intenta y/o enseña su lengua materna en España.

Me reitero y subrayo lo anteriormente mencionado: Es necesario conocer el proceso de aprendizaje de un idioma, disponer de conocimientos, habilidades y destrezas variadas así como utilizar correctamente las metodologías pedagógicas y didácticas orientadas a tal fin para poder asegurar la calidad en la educación.

Es claro que en el terreno lingüístico es el profesor experto nativo el que tiene ventaja. Un experto no nativo siempre se sentirá “perdedor” frente al nativo en estos terrenos. Pero, ¿Por su mayor dominio lingüístico es también un experto nativo mejor transmisor?

¿Puede un  profesor experto nativo transmitir al alumnado la sorpresa, alegría y satisfacción sentida cuando aprendió cada uno de los aspectos de la lengua objeto que quiere enseñar o puede empatizar ante la frustración y dificultad para pronunciar ciertos fonemas?

Los profesores expertos no nativos, cada uno de una forma distinta, lo hacemos porque todos estos valores han estado presentes de manera intrínseca en nuestro propio proceso de aprendizaje del nuevo idioma adquirido. Sin querer, nos ponemos en el lugar del alumnado. Empatizamos más cálidamente porque ya hemos experimentado con anterioridad la frustración y la incomprensión; entendemos  perfectamente la dificultad y nos adelantamos a ella porque ya le hicimos frente y la hemos superado.

Los profesores expertos no nativos, desarrollamos un rol más cercano, un modelo en el que el aprendiz se puede ver reflejado. Compartiendo un paradigma lingüístico y cultural común, nos presentamos como una guía en el proceso de elaboración del puzle. Creo que los expertos no nativos ofrecemos una enseñanza más cercana, cálida y valiosa. Más humana.

En cambio, los profesores expertos nativos no podemos hacerlo, simplemente porque no recordamos cómo aprendimos nuestra lengua materna en nuestra infancia.

Sin embargo y en contraposición, como profesores expertos nativos ofrecemos un conocimiento mucho más detallado de nuestra lengua materna a distintos niveles, conocemos el uso de expresiones antiguas y modernas, aplicamos y mostramos inconscientemente los giros del lenguaje, tenemos habilidad de producir adecuadamente las formas fonéticas del lenguaje, de igual manera que identificamos con gran facilidad las variantes incorrectas del mismo. En consecuencia, sin pretenderlo, nos mostramos como fuente inagotable e infalible de recursos lingüísticos y culturales y ésto,  en ocasiones, puede saturar y frustrar al alumnado ya que puede llegar a sentir que su conocimiento de la lengua que está aprendiendo nunca será equivalente a la de un nativo.

Como profesores expertos nativos nos presentamos como arquitectos de un puzle del que conocemos sus más recónditos detalles y transmitimos que la dificultad, la precisión y la complejidad, en la mayoría de las ocasiones, son el aliciente fundamental que prolonga el placer de descubrir la imagen oculta. En mi opinión, como profesores expertos nativos ofrecemos una enseñanza más especializada, precisa y completa. Más técnica.

Por tanto, llegados a este punto creo que es claro que no todo el que habla un idioma puede enseñarlo, es requisito indispensable ser experto. Y siendo experto, la diferenciación entre un experto nativo o no nativo radica básicamente en los valores invisibles y mágicos que se transmiten y se forjan en la relación profesor/alumno.

Igual un profesor experto nativo como un profesor experto no nativo puede ayudar a integrar cada una de las piezas del puzle.

Ahora bien, si realmente se desea conocer las tonalidades, falsas esquinas, bordes irregulares, detalles, recortes y matices del mismo; el único camino posible es la inmersión en la cultura del idioma objeto que se quiere aprender. Aunque entiendo que emprender un viaje, mezclarse, vivir y aprender de una experiencia sorprendente, maravillosa y enriquecedora en todos los sentidos es una elección muy personal. Otro cantar.

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